Eguzkilore y lauburu, la flor y la cruz: si has pasado alguna vez junto a un caserío, seguro que los has visto. Esa flor seca, redonda y dorada clavada en la puerta es el eguzkilore. Y esa cruz de brazos curvos que parece estar girando, la de las estelas y los dinteles antiguos, es el lauburu. Los dos llevan siglos cuidando de las casas de Euskadi y Navarra.
Te contamos qué significa cada uno y dónde ponerlos en casa.
El eguzkilore, la flor del sol

El nombre ya lo dice: eguzki es sol y lore, flor. Es un cardo que crece pegado al suelo en los prados de monte, y cuando se abre, sus pétalos forman un círculo de rayos que recuerda al sol.
La leyenda es preciosa. Se clavaba en la puerta para que no entraran brujas, lamias ni malos espíritus. Antes de pasar, esos seres tenían que contar todos sus pétalos, y eran tantos que se les hacía de día antes de terminar. Con la primera luz, a correr.
Y tiene un uso más práctico: la flor se cierra con la humedad, así que en los caseríos también servía para saber si iba a llover. Eso sí, hoy está protegida en algunos sitios, así que mejor dejarla en el monte.
El lauburu, las cuatro cabezas

Lau es cuatro y buru, cabeza: cuatro brazos curvos que salen del centro y giran hacia el mismo lado.
Lo vas a encontrar tallado en estelas, en dinteles de caserío y en arcas de madera de hace siglos. Sobre lo que significa exactamente no hay acuerdo. Hay quien lo relaciona con el sol y su movimiento y quien ve en él los cuatro elementos. Lo que nadie discute es para qué se usa: como amuleto de buena suerte y, sobre todo hoy, como símbolo de identidad vasca.
¿Dónde los pongo en casa?

Si haces caso a la tradición, el eguzkilore va en la entrada. Es lo primero que ves al llegar y lo último al salir, así que el recibidor es su sitio natural.
El lauburu es más agradecido y queda bien casi en cualquier rincón: el salón, el despacho, junto a la mesa donde os juntáis a comer. Y si te animas con los dos, ponlos uno a cada lado del pasillo o en paredes enfrentadas. Juntos cuentan la historia completa: la casa protegida y la suerte de quien vive en ella.
Un regalo con historia
Por lo que significan, encajan muy bien como regalo para una casa nueva, una boda o alguien que se va a vivir fuera y quiere llevarse un trocito de casa.
Los dos son símbolos de todo Euskadi y Navarra, no de un solo pueblo. Nosotros los cortamos en acero de 1 mm y los pintamos en negro mate en el taller de Asteasu.
Te llegan listos para colgar, con los soportes puestos y los ganchos en la caja. El envío es gratis a la península: de 2 a 5 días si lo tenemos en stock y unos 15 si lo fabricamos para ti.




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