Si eres de Pamplona, ya sabes de qué va esto. La Ciudadela es donde aprendiste a montar en bici, donde te tiras en la hierba en cuanto sale un rayo de sol y por donde das la vuelta los domingos después de comer. Es tan nuestra que casi se nos olvida mirarla bien.
Porque si la ves desde arriba, en un mapa o en una foto aérea, te das cuenta de algo: es una estrella. Una estrella de cinco puntas casi perfecta, plantada en mitad de la ciudad. Y claro, una forma así nos tenía que acabar llegando al taller.

Un poco de historia (prometemos que es corta)
La mandó construir Felipe II en 1571. Pamplona era frontera con Francia y había que protegerla bien, así que el encargo fue para un ingeniero italiano, Giacomo Palearo, al que todo el mundo llamaba el Fratín. Con calma, eso sí: las obras no se dieron por acabadas hasta 1645.
¿Lo de la estrella? No es por estética. Cada punta es un baluarte, y con esa forma los soldados podían vigilar cualquier tramo de muralla desde dos sitios a la vez. No quedaba un rincón sin cubrir.
Y ahora, la anécdota buena. En febrero de 1808, con Pamplona nevada, unos soldados franceses se pusieron a jugar a bolas de nieve delante de la puerta. Los de dentro miraban tan tranquilos… hasta que los franceses estuvieron lo bastante cerca, se echaron encima de los guardias y se quedaron con la fortaleza. Siglos de ingeniería militar y la perdimos con una guerra de bolas de nieve.
De cuartel a parque
Fue zona militar hasta 1964. Hoy cuesta imaginarlo, pero durante siglos los pamploneses no podían ni entrar. Cuando la ciudad necesitó crecer, cayó parte de las murallas para hacer el Ensanche, y lo que quedó acabó siendo de todos. Entre la Ciudadela y la Vuelta del Castillo tienes hoy el gran parque del centro.
Dentro siguen la Sala de Armas y el Polvorín, que ahora se usan para exposiciones. De cuartel cerrado a sitio donde quedas con los amigos. No está mal como final.
Cómo la hemos pasado al acero

La idea era sencilla: una pieza que cualquier pamplonés reconozca sin leer el nombre. Con la estrella era fácil, porque se entiende desde la otra punta del salón.
La hemos partido en tres piezas. Así llena una pared grande sin que pese, y puedes jugar con la separación entre una y otra. La cortamos con láser en chapa de acero de 1 mm y la pintamos en negro mate en nuestro taller de Asteasu.

Los soportes de atrás y los ganchos vienen en la caja, sin colocar, para que las piezas no se rayen en el viaje. Te mandamos una hoja que explica cómo ponerlos, y para colgarla no hace falta taladro. Como la hacemos bajo pedido, cuenta unos 15 días hasta que llegue a casa, y el envío a la península es gratis.
¿Dónde queda bien?

La pequeña va genial encima de un sofá de dos plazas, en el pasillo o en el despacho. La grande pide más pared: encima del sofá grande o del cabecero de la cama.

Si tienes dudas con la medida, échale un ojo a nuestra guía Qué medida de cuadro elegir y a qué altura colgarlo. O mándanos una foto de la pared por WhatsApp al 669 381 657 y te decimos qué pondríamos nosotros.
Y si estás buscando regalo para alguien de Pamplona que vive fuera, poco más hay que pensar.
Ver el tríptico de la Ciudadela de Pamplona




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