Hay ciudades que se reconocen por sus rascacielos y otras, como la nuestra, que se reconocen por el suelo que pisan. La Baldosa de Bilbao (o la roseta, para los más técnicos) es mucho más que un dibujo de cemento para que no resbalemos cuando llueve (que ya sabemos que llueve un poco). Es nuestro símbolo de identidad, un diseño que ha aguantado el paso del tiempo, las inundaciones y la transformación de una ciudad que no se rinde nunca.
Ahora, ese diseño que te guía de camino a las Siete Calles o bajando por la Gran Vía, se sube a tu pared en un formato que Chillida firmaría con gusto.
Del suelo al salón: Un icono en Negro Mate
Nuestra versión de la Baldosa de Bilbao no intenta imitar el gris del cemento. Queríamos algo que encajara en una casa moderna, en un piso en Indautxu o en un loft en Olabeaga. Por eso la hemos fabricado en metal con acabado negro mate.
El resultado es una pieza geométrica perfecta. El negro mate le da una profundidad que el dibujo original no tiene, creando un juego de sombras en la pared que hace que la «flor» de Bilbao parezca cobrar vida según cómo entre la luz por la ventana.
No pises más la baldosa, cuélgala

Curiosidades de nuestra baldosa (para que saques pecho)
- ¿Es realmente de Bilbao? Pues aunque nos duela un poco el orgullo, el diseño original se inspiró en los dibujos de las aceras de Barcelona de principios del siglo XX. Pero, como todo lo que llega a Bilbao, lo hicimos nuestro, lo mejoramos y ahora es impensable verla en otro sitio.
- El diseño «antilluvia»: Esas hendiduras que ves en el cuadro no son solo estética. Originalmente se diseñaron para evacuar el agua del sirimiri y evitar los resbalones. En tu pared, esas líneas son pura vanguardia.
¿Cómo decorar con «la flor»?
Lo bueno de la Baldosa de Bilbao es que es simétrica y rotunda.
- En el recibidor: No hay mejor forma de recibir a alguien en casa. Es un «hola, aquí somos de Bilbao» sin decir una palabra.
- Encima de un mueble de madera clara: Como ves en la foto, el contraste del metal negro con la madera natural y una planta verde (un poto o una cinta) queda de locos. El metal aporta el toque industrial y la planta suaviza las líneas.
- El regalo definitivo: Si tienes un familiar que vive fuera y que cada vez que viene se lleva un par de pasteles de arroz, este es el regalo. Es un pedazo de calle, de su calle, que puede colgar donde quiera.
Calidad «Made in Bilbao» (aunque sea en espíritu)
Está hecha para durar. Metal resistente, corte limpio y ese negro mate que no cansa nunca. Se limpia con un trapo seco y se cuelga más fácil que pedir un zurito en la calle Ledesma.

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